Arturo Brizio-Carter

10-10-16

   Le sigue la tos al perro en el tema de la selección nacional y la constante “rotación”, vía llamados inexplicables, que ha instituido en esta época el director técnico del tricolor, Juan Carlos Osorio.

Si en México existiera una verdadera comisión de selecciones, se le tendrían que poner a entrenador en turno tres candados que considero fundamentales:

1.- La imposibilidad de convocar a jugadores que no sean titulares indiscutibles en sus clubes. La camiseta verde no es para foguear elementos o para que “agarren ritmo” dada la celeridad de los procesos y la escasa cantidad de partidos que al año, entre amistosos y de eliminatoria, debe jugar el mal llamado “equipo de todos”.

2.- Que el técnico no pueda poner a futbolistas en posiciones que no dominan. Es decir, si un elemento habitualmente juega por izquierda, de ninguna manera lo puede cambiar a su antojo.

3.- Impensable citar al Tri a aquellos que están lesionados o en proceso de rehabilitación. La selección no es un centro de médico y solo pueden acceder a ella aquellos que se encuentren al 100% de sus capacidades físicas y futbolísticas.

El proceso del señor Osorio se ha caracterizado por enfrentar, en su mayoría, a verdaderos “flanes” a quienes, para el colmo de la preocupación, se les gana con las justas, cuando no hay punto de comparación entre la infraestructura y los salarios que devengan los jugadores mexicanos.

El problema es que no hay quién meta al orden a este soñador disfrazado de Mesías futbolero. Si no lo echaron a patadas luego de la humillante derrota ante Chile no se que tendría que pasar para que lo despidieran.

Porque el fondo del asunto no fue caer ante un equipo aparentemente superior y que pueda darse un accidente del futbol, de esos que ocurren cada caída de casa, como esa escandalosa goleada.

La bronca radica en que él la provocó, mediante sus experimentos absurdos, muchas veces coreados por los porristas con micrófono que cada cuatro años inflan el “globo verde” y que terminan en la desilusión popular y el mismo resultado de siempre.

¿A qué le apuesta la FEMEXFUT a mantener en el timón a un tipo que hace todo diferente al resto de los entrenadores del mundo? Quisiera tener una respuesta o al menos una explicación coherente.

Voy a compartir con usted un dato que a lo mejor ya sabe: Nunca de los nuncas, en la historia del balompié mundial, una selección ha sido campeona del mundo dirigida por un entrenador extranjero. Interesante ¿no?

Claro que siempre puede haber una primera vez pero al final, toda esta parafernalia de la rotación, va a terminar con el llamado de los mismos de siempre o dígame la neta: ¿Sería titular Cándido Ramírez en lugar de la peor versión de Carlos Vela en una Copa del Mundo? Por favor Dios mío, ¡socórreme!