A. Brizio-Carter / Ódialos menos

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Arturo Brizio-Carter

 

  13.10.16

 

     Este 12 de octubre se conmemoró el centenario de la fundación del Club América, el más controversial equipo de futbol en la historia de este deporte a nivel nacional e incluso allende las fronteras.

En ese devenir, se ha hablado de una época amateur, del paso al profesionalismo, la adquisición de la franquicia por el poderoso grupo televisivo encabezado por Don Emilio Azcárraga Vidaurreta y pasado por generaciones hasta su nieto Emilio, hoy líder de ese consorcio.

También se discute, con base en esa delgada línea que pretende separar la época romántica de la del dinero si realmente es el equipo más ganador, por encima del archirrival Guadalajara. Si se atiene al hecho de que todos los eventos fueron sancionados y avalados por la federación mexicana de futbol, la división resulta arbitraria y tenemos que conceder que las Águilas son efectivamente el club con más trofeos llevados a sus vitrinas.

Viene a mi memoria una anécdota que quiero compartir con usted, amable lector: Resulta que por allá del año 1983 se iba a inaugurar en Tuxtla Gutiérrez, capital del hermoso estado de Chiapas, el estadio que llevaría el nombre de Víctor M. Reyna. Fui convocado por mi compadre Juan José Solórzano para ir a conocer al secretario de educación y a su director jurídico. De esa reunión, nacería una amistad que perdura hasta estos días con Javier López Moreno y Pablo Salazar Mendiguchía, a la postre ambos gobernadores del estado.

El deseo externado por los funcionarios fue llevar al América. Se designó a Pablo para llevar las riendas de la negociación y lo puse en contacto con el “maestro” Carlos Reinoso, en aquel tiempo director técnico del cuadro de Coapa.

Tras ríspidas negociaciones donde el licenciado Salazar estuvo varias veces a punto de levantarse de la mesa, se concretó la ida de las Águilas al sureste mexicano.

En la cena, la noche anterior al partido, Pablo Salazar le externó al técnico chileno su duda si se llenaría el estadio. Reinoso le contestó: “Mire licenciado, América no es un equipo de fútbol, es un fenómeno social”.

Efectivamente, al día siguiente no cabía un alfiler en el inmueble, un sector del público derribó una barda para poder ver el juego y las colas afuera del hotel de concentración eran inmensas.

Si a usted como a mí le cae “gordo” el América, piense que sería del futbol mexicano sin ellos. De los llamados “clásicos”, tres tienen como protagonista a los azulcrema, a saber, Chivas, Cruz Azul y Pumas.

Algunos de sus títulos están teñidos de dudas pero otras veces han quedado fuera injustamente. Sus leyendas se cuentan por docenas y abarrotan cualquier estadio donde se presentan aquí y en el gabacho. Por ello, con el deseo de que siempre pierdan, yo lo exhorto a la comprensión y el perdón, pues no saben lo que hacen. ¡Ódialos menos!

 

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