Sin tacto

Por Sergio González Levet

 

Es un punto desde el que se generan múltiples problemas para la vialidad, y no es para menos: ahí confluyen decenas de autobuses urbanos y taxis, cientos de autobuses de pasajeros hacia todo el país, miles de viajeros y cientos de miles de conflictos.

La Central de Autobuses de Xalapa (a la que todos le dicen “caxa” cuando en realidad debería pronunciarse “caja”, pero ésa es otra lucha ganada del habla sobre la lengua –vox pópuli, vox dei.) estaba en las afueras de la ciudad, cuando la construyeron y Xalapa era pequeña, pero ahora forma parte del centro de la ciudad, prácticamente, y se ubica entre dos vialidades cruciales para el buen paso de los vehículos: Lázaro Cárdenas y 20 de Noviembre.

Desde hace varios años persiste la leyenda urbana de que la empresa camionera propietaria de Caxa y de las líneas que por ella pasan (ADO, Platina, GL, AU, Cristóbal Colón) va a construir una nueva central, hacia el sur de la ciudad y fuera de ella. De acuerdo con ese rumor, la actual podría quedar para el uso de las líneas estatales, como Autotransportes Banderilla y Autotransportes Excélsior, y así se librarían por fin las vialidades de Pípila y La Rotonda, hechas añicos por tanto camión y sus respectivos choferes).

Si eso fuera realidad algún día, los autobuses foráneos (“fueranos”, les dicen también los usuarios del habla) ya no saldrían y entrarían a la ciudad por Lázaro Cárdenas y usarían el Libramiento, lo que es una solución ideal, aunque tiene un problema -que igual persiste actualmente-: el transporte de la central camionera a la ciudad.

La solución que ha mantenido la empresa es ¡hacer más negocio! Obvio, con el público cautivo que son los millares de pasajeros que llegan en los autobuses a toda hora del día y de la noche, han aprovechado para ofrecer una especie de concesiones a taxistas, que deben pagar una cantidad por la posibilidad de recoger el pasaje.

Así, el precio del servicio de taxis si se sale del interior de Caxa se eleva, porque los pasajeros deben pagar el costo de la corrida más la comisión que recibe la empresa camionera.

Y obvio, no han faltado los taxistas libres que se apuestan afuera de la central para pescar el pasaje que no quiere enterar ese sobreprecio. Esa es la razón por la que siempre está lleno de taxis el espacio destinado a la parada de camiones urbanos afuera de Caxa.

Así, hay una guerra sorda entre los taxistas que pagan por el servicio y cobran un costo adicional, y los que se detienen todo lo que pueden en 20 de Noviembre, para esperar a que los pasajeros salgan caminando y usen su servicio, más barato obviamente.

Y mientras eso sucede y mientras -algún día- eso se resuelve, Caxa es una zona de conflicto, un punto nodal que genera un enorme estrés para quienes usan sus servicios o tienen que pasar por ahí.

Esa es la razón por la que leemos, vemos y oímos todos los días en la prensa escrita, televisada, radiada y electrónica sobre pleitos originados en la central en los que participan taxistas concesionados y libres, usuarios, autoridades de vialidad, benditas señoras y señores que van a recoger a familiares o amigos, y los propios pasajeros que tienen que llegar de algún modo a sus domicilios.

Digamos que Caxa no tiene remedio, ni lo tendrá hasta que la empresa de autobuses no se decida a entrarle con una lana para hacer la nueva central.

¿Lo veremos algún día?

sglevet@gmail.com

Twitter: @sglevet

Facebook.com/sglevet

www.journalveracruz.com