Arturo Brizio-Carter

 

   24.10.16

 

     Una de las manifestaciones artísticas que más me impresiona es el teatro. Ahí no hay apuntador, segundas escenas, tiempo de descanso o cualquier otro truco que disfrace la incapacidad del ejecutante. Actrices y actores se la rifan en vivo y en directo para lograr una conexión emocional con el público y cuando lo logran, se convierten en primeras figuras.

Alguna vez escuché decir al maestro Ignacio López Tarso que no había mayor soledad que la de un camerino antes de la función de teatro. El actor deja de ser él mismo para introducirse en el personaje; incluso su corporalidad debe adecuarla al manejo escénico ayudado por el vestuario y el maquillaje, últimos toques de esa parafernalia maravillosa.

Con el respeto que estos histriones sin par merecen, encuentro una similitud con el arbitraje. El juez antes de un partido conoce esa tremenda soledad de la que habló López Tarso. Se ritualiza la concentración, la planeación del partido, la vestimenta y se salta a la cancha a enfrentar al monstruo de mil cabezas que generalmente condena de antemano al impartidor de justicia, siempre al amparo de los colores favoritos.

Además, las obras teatrales están sujetas a circunstancias complicadas que les permiten sobrevivir en cartelera y por ello se devela una placa cuando logran un determinado número de representaciones.

Para seguir con el símil entre arbitraje y teatro, esta semana asistimos a las cien representaciones de la obra “El extraño retorno de Paco Chacón”.

Este árbitro guanajuatense es un ave rara en los tiempos que corren en la FEMEXFUT. Cuando a los jueces se les exige tiempo completo y eso les impide trabajar en algo diferente al arbitraje, el ingeniero de profesión tiene su propia empresa y ello le permite un desahogo económico del que sus colegas generalmente carecen.

Amante de la fiesta brava y la charrería, también juega golf, le gusta la buena mesa y se avienta sus “tlapehues”, lo que obviamente ha incidido en sus problemas para dar el peso y pasar los exámenes físicos.

Sin embargo, se trata de uno de los mejores silbantes que han aparecido en los últimos años además de ser una excelente persona.

Quizá lo único que le podría reprochar a Paco es precisamente su falta de compromiso con una actividad tan hermosa y a la vez exigente como es el arbitraje.

Reapareció en el juego Xolos ante Jaguares y lo vi delgado, en forma, sobrio y con un trabajo atingente.

El problema con Chacón es que los torneos pasan y ya dio demasiada ventaja a sus competidores en el plano internacional. Ojalá que por su bien y el del futbol mexicano se dedique en cuerpo y alma a recuperar su sitio. De lograrlo, podrá tener temporadas completas y no de cachitos, con tres o cuatro actuaciones y sus consabidas y recurrentes reapariciones.