Culpas son del tiempo

Culpas son del tiempo

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CAMALEÓN

Alfredo Bielma-Villanueva

Si nos atenemos a que los motivos de su licencia al cargo de gobernador radican en defender su honorabilidad, “limpiar su nombre y el de su familia” y por amor a Veracruz, de cualquier manera el camino que Javier Duarte de Ochoa habrá de recorrer está sembrado de ortigas; flores espinosas se propagan en la ruta que deberá transitar para intentar desvanecer las sospechas que se ciernen sobre su muy cuestionado desempeño como gobernador de Veracruz.

Según Javier Duarte las acusaciones en su contra son falsas, las atribuye al calor de la contienda electoral pasada; pero si esa conjetura se somete a la realidad lo lógico es que una vez transcurrida la jornada electoral las acusaciones ya se hubieran disipado. Sin embargo, no se han esfumado y la cara realidad enseña que la Procuraduría General de la República, el Servicio de Administración Tributaria y la Auditoría Superior de la Federación son instituciones que nada tienen de electoral ya que su función no es otra que la de procurar justicia, auditar el gasto público, regular las actividades hacendarias y comerciales, y no militan en el orden político. Más aún, en este caso las dos últimas apremian a la PGR para que actúe conforme a las denuncias presentadas.

Ciertamente, no es en el orden político electoral en donde se encuentra la raíz de lo que se acusa al gobierno veracruzano (aunque, por otro lado, el escenario sería diferente si el PRI hubiera ganado la elección del 5 de junio; de allí las bondades de la alternancia); está claro que el fundamento que obligó a Duarte a solicitar licencia radica en el cúmulo de irregularidades que se han descubierto en la aplicación del recurso público y el impulso que el gobernador electo imprimió para desnudar las corruptelas del gobierno. No se requiere especular si hubo latrocinio porque es obvio el desvío de dinero, e igualmente también está configurada la retención de recursos, tal como lo pueden confirmar decenas de ayuntamientos que siguen a la espera del dinero programado y la Universidad Veracruzana cuyo monto retenido es de grandes proporciones. ¿Cómo negar la retención del recurso a los fideicomisos al 3 por ciento a la nómina o el del impuesto al Hospedaje?

¿Tardó Duarte en irse, la federación no decidió a tiempo su retirada? Ya resulta irrelevante recordar lo que el universo priista reclamaba antes de la elección de junio: la salida de Duarte era un factor que aliviaría al priismo en la campaña electoral. Acostumbrados a la inercia de nuestra cultura política todo mundo pedía la intervención del centro: “¿hasta cuándo intervendrá la federación?” “A Peña Nieto no interesa Veracruz” clamaba la mayoría social veracruzana; hasta que sucedió, 47 días antes de concluir formalmente el periodo. Pero en el ínterin los enconos se recrudecieron y ya hay distancias insalvables. En Veracruz la balanza era de dos platos, en uno se encontraba el gobernador Duarte de Ochoa y en el otro el gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares, y como fiel de la balanza el gobierno federal. ¿Qué factor pesó para el desbalance? Pudo deberse al escándalo sobre las corruptelas, a la molestia del gobierno del centro, al permanente reclamo social, a la inseguridad pública incontrolable, al empeño del gobernador electo, o a todo ese conjunto multifactorial.

Entra al relevo Flavino Ríos Alvarado, un político experimentado que sin duda buscará atemperar los ánimos sucesorios; tiene poco tiempo, apenas para reconstruir el camino sin discordia. No podrá resolver la agenda de pendientes a satisfacción de la sociedad veracruzana porque son muchos los expedientes que quedaron sin atender y no existen recursos económicos para hacerles frente. Flavino le entra al ruedo en un ambiente de crispación social; en el que amplios sectores de veracruzanos reclaman solución a sus demandas, esas que la improvisación, la indolencia y la ineptitud impidieron resolver. Obviamente no ignora lo que acontece en el coso y algo tendría que aportar la federación para solventar algunos problemas, porque Veracruz está al borde de la desesperación en materia de inseguridad pública, principalmente.

Ya se fue Javier Duarte de Ochoa, pero su nombre seguirá dando mucho de qué hablar en la nota policiaca, aunque ya fuera del poder se abre una válvula de escape para aminorar la presión social y política. Flavino Ríos enfrenta a un miura y se acuerpa nombrando a Genaro Mejía cuya dedicación al trabajo pudo ser elemento fundamental para designarlo en la Secretaría de Gobierno.

Como las culpas son del tiempo y las circunstancias participan con acentuado protagonismo, el gobernador electo, Miguel Ángel Yunes Linares y Flavino Ríos podrán encontrar la ruta del entendimiento, ambos iniciaron sus respectivas trayectorias político-administrativas a partir de 1974, en el gobierno de Rafael Hernández Ochoa; uno y otro se conocen, si son amigos o no es asunto aparte porque antes de cualquier inquina personal están los intereses de Veracruz, que incluyen a 8 millones de veracruzanos. A ambos les corresponde cumplir responsabilidades en rangos apremiantes; el tiempo es factor determinante,    aunque los dos tienen perfil político que seguramente se reflejará en la sensible reducción de decibeles al ruido mediático. Ojala así sea por el bien de Veracruz, que ahora está esperando a que llegue diciembre para conocer el contenido del  bagaje de investigaciones que “cimbrará al país” para terminar de conocer el mundo en que vivimos.

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16- octubre-2016.

 

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