• De ahí que no todas estén dispuestas a ser responsables con el entorno, expuso Silvia Martínez Vázquez, del IMP
  • La investigadora abordó el tema durante la conferencia “La importancia de la valoración económica del medio ambiente”
La investigadora explicó que al ser considerado un bien público, el medio ambiente no se puede valorar de manera directa

La investigadora explicó que al ser considerado un bien público, el medio ambiente no se puede valorar de manera directa

Karina de la Paz Reyes Díaz

Xalapa, Ver. 16/10/2016.- La investigadora del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), Silvia Martínez Vázquez, afirmó que son muy altos los costos de trabajar con responsabilidad ambiental y no todas las empresas están dispuestas a sujetarse a ello, durante su participación en el 5to. Congreso Nacional de Mitigación del Daño Ambiental en el sector Agropecuario y Forestal de México 2016, en el marco de los 50 años de la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana (UV).

“Para una empresa, dedicar tiempo e insumos a una estimación (de daño ambiental) implica costos de recursos humanos, industriales, de equipo, entre otros, pero es una responsabilidad social”, dijo en su conferencia “La importancia de la valoración económica del medio ambiente”, el miércoles 5 de octubre.

Señaló que en México hay cambios en el marco normativo, como los de la Ley del Cambio Climático, donde, por ejemplo, el Artículo 7 precisa que son atribuciones de la Federación elaborar y promover metodologías para la valoración económica de las emisiones.

Explicó que la valoración económica de los daños que padece el medio ambiente intenta estimar los cambios en el bienestar de la población, así como los costos y daños a ésta.

Para ello hay varias metodologías que actualmente se aplican en el mundo, y una vez identificados los impactos físicos, hay varios métodos para valorarlos en términos monetarios. Ella los clasificó en dos grandes grupos: de preferencias declaradas (abordar al individuo y ver cómo valora el medio ambiente) y de preferencias reveladas (observar el comportamiento de los individuos para ver cómo toman decisiones de consumo).

El medio ambiente –aire, agua y suelo– son bienes públicos y tienen dos características principales: no tienen limitación para el consumo y no se pueden valorar de manera directa, aclaró.

“La valoración económica parte de la teoría ecocéntrica, es decir, que el individuo es el centro del universo y es quien le da valor al medio ambiente. Entonces, el individuo es el que tiene que decir cómo valorar cada uno de los recursos.”

Un ejemplo clásico es una casa ubicada en una zona donde hay calidad del aire, del agua y cuenta con espacios recreativos, pues tiene mucho más valor que una ubicada en otro medio donde predominan condiciones contrarias.

La investigadora ha participado en varios proyectos enfocados a cuantificar la contaminación del aire en la Ciudad de México, para estimar la medida de bienestar y el valor económico que le daban a la calidad de dicho elemento natural.

“La Ciudad de México se caracteriza por los altos niveles de concentración de contaminantes, como son las partículas suspendidas. Prácticamente, de los 365 días del año, en 300 se rebasan los límites permisibles por la norma.

”Nosotros dividimos a la ciudad en ciertas zonas (dadas las características socioeconómicas y geográficas). Hicimos un mercado hipotético donde se les preguntó su disposición a pagar por mejorar la calidad del aire y la gente sí le da mucha importancia, porque no sólo implica los problemas de salud (éstos que se ven reflejados en términos económicos, pues el ir a una consulta médica te afecta el bolsillo).”

Comentó que varias instituciones académicas y el gobierno en sus tres niveles trabajan en estos temas, no sólo como parte del marco regulatorio del país, sino como una necesidad de la problemática ambiental que predomina. De ahí la importancia de desarrollar estudios e investigaciones referentes a la valoración económica.

Para ella es importante que el gobierno diseñe una política pública en materia de protección al medio ambiente y recursos naturales; de desarrollo regional sustentable; que realice estudios de valoración económica de las externalidades ambientales y riesgos asociados a las instalaciones, actividades y operaciones de diferentes sectores de la economía, y que todos los miembros de la sociedad trabajen con responsabilidad social.

“Algunas empresas están trabajando por ser responsables con la sociedad y nosotros como individuos también, porque contribuimos de alguna manera en los impactos y problemática ambiental”, concluyó.