El jazz es un lenguaje y una forma de vida, expresó el contrabajista y compositor mexicano Luri Molina, quien participó en la sesión de escucha Luri Molina: Trazos a cuatro cuerdas, realizada en la Fonoteca Nacional.

La charla formó parte del Ciclo Iconos del Jazz en México y fue dirigida por Pablo Iván Argüello, coordinador del Catálogo de Jazz de la Fonoteca Nacional.

Acompañado por el saxofonista Diego Maroto, Luri Molina inició la charla al recordar sus orígenes: músico nacido en Popotla, Tacuba, hijo de la maestra Eva García y del abogado Jorge Isaak Molina.

El compositor compartió con el público que su nombre real es Jorge Isaak Molina y que Luri es un apodo que desde la secundaria le acompaña, el cual proviene de “lurias” (loco).

El bajista añadió que sus orígenes en la música fue al tocar rock, su primera banda fue una de música oscura llamada Penumbra y algunas de sus influencias musicales las obtuvo de “bandas oscuras”, como Bauhaus y grupos como Red Hot Chili Peppers y Primus.

“Me gusta mucho la música. Mi papá escuchaba varios discos de rock and roll y por eso no escuchaba nada de jazz, no sabía lo que era ni en mi casa se oía. A mi padre le gustaba mucho el bajo y creo que de ahí empezó mi gusto por ese instrumento”.

El miembro fundador de la agrupación Paté de Fuá, en la que se desempeña como contrabajista, destacó que a los 16 años ingresó a la Escuela Superior de Música con la idea de estudiar bajo eléctrico, pero al no poder hacerlo, tomó clases de contrabajo clásico con el músico Nikola Popov.

“Era un excelente y gran maestro, sin embargo, cuando le platiqué que me quería cambiar al taller de jazz me odió porque quería que siguiera en la música clásica. Además, pensaba que conmigo había perdido el tiempo, porque antes los músicos clásicos o de orquesta hacían menos al jazz”.

Luri Molina detalló que su pasión por el jazz surgió después de escuchar el disco Round About Midnight del músico estadounidense Miles Davis y que los proyectos del género que más le han marcado son los realizados de 1955 a 1965.

“Oía ese disco todo el tiempo con mis papás. Nunca lo transcribí pero me sé los solos y todo lo que hace cada uno de los instrumentos de tanto que lo escuchaba y me gustaba, pues me lo aprendí”.

Para el músico tocar jazz implica escucharlo, conocerlo, empaparse de él y saber su historia, de dónde viene, por qué es una tradición y sobre todo respetar el legado de los grandes músicos que han hecho del género algo extraordinario.

“En el jazz no vas a llegar a tratar de inventar, según se tiene que respetar la tradición porque es una música que tiene muchos años, hay un bagaje y lenguaje establecido que debes conocer si quieres y te gusta”. 

Finalmente, Luri Molina conversó del grupo con el que grabó su primer disco: Cirrus, con la banda de free jazz Tritonía, agrupación con la que realizó sus primeras giras musicales y participó en los festivales más importantes de Berlín, París y Nueva York.

En la sesión el público también escuchó canciones compuestas, interpretadas, grabadas y significativas en la carrera del músico: Simone, Round Midnight, A Gire a Rhapsody, así como Celoso y desubicado

Información: LCL

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