• Egresada de la Facultad de Teatro ganó el Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” 2017, con la obra La gota y el mar
  • “Se trata de una historia muy personal, muy íntima, de nosotros, de verdad que la hicimos con el corazón”, compartió
  • En este oficio hay que ser persistente y dejarse guiar por la intuición para alcanzar tus metas, expresó

Estefanía Ahumada, egresada de la Facultad de Teatro y ganadora del Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” 2017

Paola Cortés Pérez

13/11/2017 Xalapa, Ver.- Estefanía Ahumada Norato incursionó en el teatro porque le gusta contar historias y piensa que construir un relato y/o un personaje es una manera de sintetizar la realidad. “Con esto nosotros podemos entender algo de la condición humana y eso es algo muy hermoso”.

La egresada de la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana (UV) compartió que desde su niñez tuvo una fuerte inclinación por las artes, en especial por el teatro, a pesar de que sus padres trataron de persuadirla en varias ocasiones para que no se dedicara a la actuación por lo difícil del campo laboral, pero –afortunadamente– el resultado no fue el esperado.

“Cada vez que intentaban persuadirme les respondía: no actriz pero escritora, no escritora pero cantante, la respuesta siempre incluyó profesiones relacionadas con las artes.”

Su primer acercamiento con el teatro fue a los 15 años de edad; mientras cursaba la preparatoria, tomó una clase y aunque le pareció que la maestra era muy mala, la experiencia la cautivó. Al cumplir 16 años se enteró de la publicación de la convocatoria del taller de aspirantes para la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana (UV), y aunque lo cursó no puedo ingresar porque aún era muy joven, así que lo tomó dos veces.

“Al ser el único taller de teatro previo a la Facultad, me preparé muy bien porque también quería presentar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero mis padres no me dejaron ir porque era menor de edad, entonces ingresé a la UV.”

En los últimos meses y ya como egresada, Estefanía –apoyada de su amiga, Abigail Pulido– se abocó a escribir la obra La gota y el mar, en la cual plasmó la difícil situación por la que atravesaba a nivel personal.

“Tenía la inquietud de escribir, de crear nuestros propios espectáculos y dejar de depender de la gente consagrada, así que me metí a clases de dramaturgia.”

Decidió enviar su escrito a concursar por el Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” 2017, y ganó, pues el jurado consideró que se trata de un buen trabajo de escritura dramática.

Desde pequeña tuvo una inclinación hacia las artes, por el gusto de contar historias

El premio consta de un diploma de reconocimiento, la publicación de la obra de teatro, el montaje del texto con una temporada en el Foro “A Poco No” en 2018, y un estímulo económico otorgado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Este concurso –que se lleva a cabo cada dos años y cuya primera edición fue en 2015– convoca a autores nacionales y extranjeros que residan en México, no mayores de 30 años.

De su quehacer en general y de esta experiencia en particular, Estefanía habló para Universo.

¿Por qué tienes ese gusto persistente por las artes, en especial por el teatro?

Lo que más me gusta es contar historias, porque me parece que es una manera de sintetizar la realidad; creo que al construir una historia o un personaje, podemos entender algo de la condición humana. Se me hace muy hermoso entender algo más de nosotros a través de la historia de vida de alguien.

Algo entrañable del teatro es tener a ese otro individuo frente a ti, en vivo, conviviendo contigo, creo que esa es la magia irrepetible del teatro, eso es lo que más me gusta de las artes en general.

Ahora que tuve la oportunidad de escribir, me di cuenta que con la escritura pasa lo mismo, es como tomar una porción de vida y tratar de crearla lo más perfectamente posible, para transmitir a otros un sentimiento, un fragmento de vida. La escritura y el teatro te permiten crear cosas hermosas y, a partir de esto, entender el mundo.

¿Qué opinas sobre la mercantilización del arte?

En este sentido, hay dos cosas que están en yuxtaposición: por un lado, somos artistas y queremos vivir del arte; esperamos recibir un pago por ello y es muy satisfactorio vivir únicamente del arte.

Conozco muchos compañeros de mi generación y de otras, que han tenido temporadas difíciles por tratar de sobrevivir únicamente del teatro; normalmente tienen un trabajo estable que les permite tener una entrada económica y así poder hacer teatro. Ellos desearían vivir de ser actores o directores, pero es difícil en esta sociedad. Considero que un pago digno para quienes nos dedicamos al arte, es algo meritorio.

Como estudiante, participó en el Festival de Teatro Universitario

Pero, por otro lado, como vivimos en una sociedad capitalista y consumista, me parece que también hay artistas que más que querer transmitir un discurso estético o una historia, se fijan en las modas, en lo predominante del arte contemporáneo para crear réplicas, imitar estilos de cosas que han tenido éxito, para lucrar con ello.

Al final, esta situación depende del artista, porque es él quien se presta a esto para tener éxito más rápido, lo ven como un camino fácil para alcanzar su meta; pero también depende de nosotros, los espectadores, por no exigir arte de calidad. Esta situación claramente se ve reflejada en el arte plástico, donde a veces hay exposiciones que no tienen realmente un discurso estético.

¿Consideras que esta situación ha afectado al arte?

Creo que es algo que siempre ha existido y siempre existirá, por algo en una determinada época hay cientos de pintores pero sólo recordamos a un Picasso.

Desde el lado de la actuación, siento que esta situación ha demeritado el trabajo; por ejemplo, yo intento prepararme lo mejor posible para ser actriz, tomo clases de cuerpo, voz, leo constantemente, me cultivo en un aspecto más profundo para hacer mi trabajo; mientras que otros actores que sólo buscan salir en la televisión y no tienen preparación alguna o muy escueta, no buscan retratar a alguien con su personaje, lo más fácil para ellos es llorar y que les paguen.

Desde mi punto vista, lo que podría ser grave es que a estos dos tipos de actores nos llamen artistas; siento que demeritan lo que hago, incluso si fuera más influenciable pensaría que no es necesario que lea o me prepare, sólo puedo tratar de fingir y ya, a cambio de un pago.

Entonces, si ofrecemos un producto de calidad, ya sea teatro o artes plásticas, podremos darle herramientas al público para decidir y exigir un arte de calidad, así podríamos contrarrestar un poco esta situación.

Desde el punto de vista de una joven artista, ¿qué opinas sobre el teatro que se hace en México?

Es difícil para un joven entrar al gran sistema del teatro nacional, una vía son las becas y premios, pero es difícil, desconozco si siempre fue así, lo cierto es que los apoyos que ofrecen las dependencias gubernamentales de cultura siempre los reciben las mismas personas, hay artistas consagrados que fácilmente obtienen apoyos para sus proyectos; mientras que para los jóvenes es más complicado hacerte de un nombre, para los colectivos es complicado e incluso imposible.

En el teatro nacional hay tantas vertientes para escoger: teatro social, teatro de corte político, comedias, entre otros. Los jóvenes artistas deberíamos tener voz propia en esta gran diversidad, pero generalmente buscamos sumarnos a los consagrados, trabajar con ellos para adentrarnos en el teatro.

Me he dado cuenta que si uno quiere decir algo que no comulgue con algunas de las líneas consagradas, se puede hacer, es válido producir, escribir y actuar nuestro propio teatro como generación, porque sólo así podremos tener voz propia. Es una manera de hacer nuestro al teatro nacional.

¿Cómo te enteraste del Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero, qué te motivó a participar?

Desde hace un tiempo tomaba clases de dramaturgia con Estela Leñero, porque tenía la inquietud de escribir, de crear nuestros propios espectáculos y dejar de depender de la gente consagrada, así que me metí a clases de dramaturgia. Al mismo tiempo, atravesaba por un periodo raro a nivel persona, así que no fui constante al principio, pero tiempo después –junto con Abigail Pulido, también autora intelectual de la obra– decidí concretar una historia que sublimaría nuestras inquietudes y estado emocional.

Empezamos a escribir, yo llevaba el texto al taller para recibir comentarios de mis compañeros, también tuve asesoría de Jimena Eme Vázquez (ganadora de la primera edición del premio), gracias a que nos hicimos amigas, toda vez que sólo me había desenvuelto como actriz y recientemente como productora, pero casi todo mi trabajo había sido del lado de la actuación, por lo mismo me sentía falta de herramientas para poder escribir.

Hice unos cinco borradores, Estela Leñero me daba opiniones, Jimena y Abigail hacían lo propio. Fue una temporada en la que escribía, reescribía y reescribía. Al mismo tiempo, empecé a buscar convocatorias de premios de dramaturgia para fijarme fechas límite para la entrega del escrito, porque ya habíamos tenido un largo tiempo de investigación, lecturas, ideas y de generar todo el concepto, pensábamos que ya era hora de concretar.

Al ser mi primer texto, nunca imaginé que ganaría, me inscribí en el Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” con el fin de contar con una fecha límite para tener listo mi borrador.

Nos dedicamos a escribir, llevaba el cuarto borrador, me sentía atascada en el final, así que me reuní con unas amigas, entre ellas Abigail e Ingrid Cebeda (quien dirigirá el texto), pues al día siguiente se cerraba la convocatoria. Nos fuimos toda una madrugada, yo escribía, trabajamos hasta las seis de la mañana, terminamos el texto, dormimos una hora y nos despertamos para revisar la ortografía y la redacción; imprimimos y nos fuimos a entregarla.

Este concepto lo pensamos a lo largo de un año y no habíamos podido concretarlo; para serte sincera, la verdad no vi cuándo publicaban los resultados, porque jamás imaginé que ganaría.

La noticia la recibí mientras estaba en un ensayo, fue Ángel Ancona, coordinador del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, quien me avisó que había ganado el premio; le pregunté tres veces si era verdad, porque no lo creía. Me puse a llorar porque se trata de una historia muy personal, muy íntima, de nosotros, de verdad que lo hicimos con el corazón.

No sé si sea el mejor texto, no sé si tenga el mejor estilo, sé pocas cosas sobre el oficio del dramaturgo, pero lo que sé es que pusimos muchas cosas nuestras, creo que sí pudimos crear una historia conmovedora.

¿Cuál es la historia que narras en La gota y el mar?

La historia trata sobre Marisol, una mujer solitaria y muy estructurada, que cronometra su vida, enumera los minutos y las horas en los que ejecuta su día a día. Entre su rutina, tiene la costumbre de ver por la ventana a su vecino Marco. Los dos son personas tan estructuradas, incluso tienen una hora específica en la que se miran por la ventana, se gustan pero nunca se han hablado.

Un día Marco desaparece, eso le quiebra la rutina a Marisol, así que comienza a buscarlo; emprende un viaje para encontrar un reflejo de una persona a la que no conoce. Así, se va encontrando con personajes de la vida de Marco que le van diciendo cómo era y cómo decidió un día levantarse y hacer todo al revés.

En esta búsqueda del otro, nos damos cuenta que es una búsqueda de uno mismo.

¿Qué significa para ti que tu obra será puesta en escena el próximo año y en la Ciudad de México?

Me emociona, al igual que a mis compañeras, más que el reconocimiento, que el diploma o incluso que el estímulo económico.

Nosotras escribimos esta historia para montarla, no fue con en el afán de ser escritoras ni con esperanzas de ganar un premio, queríamos verla en escena y actuarla, para eso la escribimos.

Justo dos días antes de conocer los resultados, nos reunimos y decidimos que montaríamos la obra en Xalapa, porque sería más barato producirla, además podíamos hacerla con dinero y un foro prestados.

Acto seguido, nos dan la producción y un teatro en la Ciudad de México, como parte del premio que ganamos; entonces, esto fue lo que más nos emociona, porque el texto tiene muchas imágenes poéticas que sería muy caro montarlas, pero al ganar este premio las podemos hacer realidad.

El ver nuestros sueños e imágenes realizadas es lo que nos emociona más, porque es lo que añorábamos. También, una de las cosas que más me emociona es poder pagar el trabajo de mis compañeros del colectivo La Maniobra Teatro de la UV. Durante mucho tiempo habíamos intentado posicionar al colectivo y creo que con este premio lo lograremos.

¿Qué les dirías a los estudiantes de teatro, quienes por momentos se desaniman al ver lo difuso que puede ser su futuro?

Les diría que sí es difícil pero no imposible, creo que en este campo hay que ser persistente y dejarse guiar por la intuición para alcanzar sus metas, pese a todos los consejos recibidos por profesores, amigos y familiares, que son expresados de buena fe.

Debemos intentar que nuestra voz interior no se vea callada por las adversidades y opiniones de otros, porque ahí está la clave hacia donde debemos ir. Les diría que no hay mayor satisfacción que ver concretado un proyecto que nace de una idea propia.

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