Deissy Herrera-Covarrubias

Deissy Herrera-Covarrubias

Elizabeth Vázquez Narváez

Xalapa, Ver. 29/10/2016.- Un estudio desarrollado por Deissy Herrera-Covarrubias, del Centro de Investigaciones Cerebrales (Cice) de la Universidad Veracruzana (UV), demuestra que en una etapa como la pubertad no se está exento de sufrir estrés, es natural y también necesario para enfrentar nuevos desafíos y salir con éxito de situaciones peligrosas, pero si éste se vuelve crónico puede tener un impacto negativo a largo plazo, predisponiendo al organismo a desarrollar distintas enfermedades en la edad adulta.

La investigadora explicó que la pubertad, momento en el que cuerpo y mente sufren grandes transformaciones, es considerada como un periodo crítico, en el que hay mayor sensibilidad a ciertos estímulos exógenos, pudiendo éstos incidir en el desarrollo de funciones específicas y provocar deficiencias a largo plazo.

La investigadora indicó que el cortisol, también conocido como la hormona del estrés, juega un papel determinante. Ésta es liberada en las glándulas suprarrenales por una orden desde el hipotálamo en el cerebro como respuesta a situaciones que nos estresan.

“El cortisol tiene diversas funciones en nuestro organismo, interviene en la regulación del sistema inmunológico, en el crecimiento de huesos, en la metabolización de grasas, carbohidratos y proteínas e incluso en el control de la presión arterial; todo ello se ve impactado cuando, ante una situación de estrés, los niveles de cortisol se elevan y alcanzan picos muy altos que se mantienen por tiempos muy prolongados, ahí es cuando dicho padecimiento pasa de agudo a crónico”, señaló.

A esto se suma lo confirmado en diversos estudios a partir de modelos animales, sobre la especial dificultad que presentan los sujetos en la etapa de la pubertad para, luego de sufrir una situación de estrés, regresar a sus niveles basales (los que presentaban antes de entrar en esta tensión) de cortisol, lo cual no sucede con los adultos, quienes vuelven a sus niveles con más facilidad y rapidez.

Interesada en conocer los efectos del estrés en la pubertad y su relación con el desarrollo de lesiones precancerosas en la próstata en la etapa adulta, la investigadora trabajó con un modelo animal (ratas) al que durante la pubertad se le indujo estrés inmunológico a través de un fármaco y, posteriormente, al llegar a la edad adulta, se le administró testosterona, una hormona capaz de provocar lesiones prostáticas precancerosas.

“Los datos preliminares que encontramos a partir de este estudio es que los animales que fueron sometidos a estrés inmunológico durante la pubertad presentan lesiones mayores que los animales que sólo recibieron testosterona, por lo que podríamos concluir que el estrés puberal sí es un catalizador para el desarrollo de cáncer en la etapa adulta”, mencionó.

Aunque aún hace falta mucho trabajo de investigación, estos hallazgos son un indicador muy significativo de lo que puede ocurrir en un organismo humano. “Se ha encontrado, por ejemplo, correlación entre el estrés y el cáncer de mama o colorrectal y falta mucho por explorar sobre sus efectos en el cáncer de próstata”, concluyó.

A través del Programa de Repatriación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Herrera-Covarrubias se integró recientemente como investigadora al Cice y al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), luego de una estancia posdoctoral en la Universidad de Ottawa, Canadá, institución con la que mantendrá la colaboración para dar seguimiento a ésta y otras líneas de investigación e intercambio académico.