• El investigador emérito y miembro de El Colegio Nacional participó en la Jornada de Actualización “Ética en investigación”
Ruy Pérez Tamayo, investigador emérito de la UNAM, impartió una conferencia en la UV

Ruy Pérez Tamayo, investigador emérito de la UNAM, impartió una conferencia en la UV

David Sandoval Rodríguez

Xalapa, Ver. 28/10/2016.- Para el investigador Ruy Pérez Tamayo, la ética tiene un papel fundamental en nuestras vidas porque nos salva de la corrupción, así lo manifestó al participar en la Jornada de Actualización “Ética en investigación” realizada por la Universidad Veracruzana (UV) el 24 de octubre en la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información (USBI).

Pérez Tamayo, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional, impartió la conferencia magistral “Ética e investigación científica” y destacó que los orígenes del pensamiento sistemático sobre el bien y el mal se encuentran en la antigua Grecia y el primero en referirse a ellos como ética fue Aristóteles.

Pero fue su maestro Platón, en el diálogo “Critón”, quien insistía en tres aspectos que conforman la ética: deliberar siempre siguiendo a la razón, no a los sentimientos; pensar por cuenta propia, sin hacer caso de las opiniones de la mayoría; y no ser nunca injustos.

“Estos tres postulados continúan vigentes al día de hoy, es más, la ética nos salva de la corrupción”, recalcó. “Sócrates enseñó con su muerte que es peor cometer el mal que recibirlo, el verdadero mal es aquel que nosotros hacemos, no el que se hace en contra nuestra, porque el mal que nosotros hacemos daña nuestra psique y para Sócrates es la verdadera identidad del ser humano”.

El investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) añadió que “la ética también sirve para salvarnos de las inclemencias de la moral, nacemos en una sociedad con una moral que nosotros no elegimos, hay otros que la eligieron y vivimos la vida con una mirada prestada, tomada de otros y valoramos como uno debe valorar, pensamos como uno debe pensar y vivimos como uno debe vivir”.

Según Pérez Tamayo, “la ética nos salva de ser uno más del montón de borreguitos buenos y nos lleva a pensar por cuenta propia para seguir nuestras normas, la ética nos salva de la moral”.

En cuanto a establecer una definición de ciencia, advirtió la dificultad para generar un consenso entre la comunidad científica, ello como consecuencia de tres elementos; el primero es la “miopía” profesional, entendida como una cortedad de miras de quienes reflexionan sobre el tema, principalmente filósofos de la ciencia y pocos hombres de ciencia en activo.

Quienes han definido a la ciencia desde el ámbito científico han surgido de las ciencias exactas y “sus definiciones son aplicables a este grupo de ciencias”.

El segundo problema es que la ciencia no es ni nunca ha sido una sola por sus principales características, ello significa que no es homogénea; el tercer problema es que existe una confusión entre su definición y su descripción.

No obstante a la heterogeneidad de conceptos relativos a la ciencia, Pérez Tamayo señaló que existe una serie de principios comunes a los distintos enfoques que establecen sus respectivas definiciones del método científico.

El principio inicial plantea que se debe distinguir entre la mentira –es decir, la afirmación de que algo es verdadero cuando sabemos que es falso– y el error –que es la afirmación de que algo es verdadero cuando así lo creemos pero en realidad es falso.

El segundo principio es “no ocultar verdades”, que significa el compromiso del científico de presentar todos los datos que le permiten llegar a las conclusiones que propuso.

El tercero es no apartarse de la realidad, es decir, que pretender incluir aspectos sobrenaturales o fantásticos es ir en contra del espíritu de la ciencia; el científico siempre debe mantenerse dentro de la naturaleza y presupone su regularidad, aunque a veces la realidad supera a la fantasía.

El cuarto principio consiste en cultivar la consistencia interna y es una regla válida para todas las formas de comportamiento humano racional, significa que no puede haber contradicciones internas en los postulados de una propuesta científica.

El quinto principio consiste en no rebasar el conocimiento, explicó, “una tendencia muy natural del hombre es extrapolar la información a lo desconocido, proyectar lo que ya sabemos más allá de los límites de lo que hemos aprendido, esta operación mental es perfectamente válida siempre que se haga con el carácter de hipótesis, especulación o predicción”.

El sexto señala que los hechos también se equivocan, es decir, que los científicos se equivocan, “los investigadores sabemos muy bien lo difícil que es estar bien seguros de que las cosas son como debieran ser o como creemos que deberían ser, podemos equivocarnos muy fácilmente si tomamos a nuestras primeras experiencias de un fenómeno como la verdad, hemos aprendido que debemos observar muchas veces y de distintas maneras”.

Refirió que la ciencia progresa con la incorporación de nuevos conocimientos, pero éstos no son otra cosa que la refutación de los hechos que se aceptaban como buenos, “porque la ciencia aprende de sus errores”.

Desde mediados del siglo XVII se ha establecido esta forma de hacer las cosas para obtener los resultados más confiables, reproducibles y que mejor reflejan a la realidad que estamos interesados en conocer, asintió.

“Siguiendo estas reglas del juego hemos podido calcular y construir puentes que no se caen, aviones que nos transportan sin caerse, aparatos para examinar el interior de nuestros cuerpos sin necesidad de abrirnos”, expresó el científico.