• Académicos del Instituto de Neuroetología de la UV hablaron de depresión, ansiedad y estrés

Académicos e investigadores comparten sus conocimientos e investigaciones científicas

José Luis Couttolenc Soto

Xalapa, Ver., 19/062017.- El comportamiento de los individuos es fuertemente modificado por los avances de la tecnología, que contribuyen a que día a día el ritmo de vida sea más acelerado y originan cambios sensibles en trastornos conductuales y afectivos, principalmente los relacionados con la depresión, la ansiedad y el estrés.

Ante la necesidad de profundizar en el estudio de estos padecimientos, el Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana (UV) incluyó en su curso Bases Celulares de la Enfermedad I, la participación de destacados especialistas nacionales y extranjeros, quienes compartieron resultados de investigaciones que realizan para, así, mantener actualizados a los estudiantes universitarios.

Iliana Tamara Cibrián Llanderal, de las Cátedras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) comisionada al Instituto de Neuroetología, ofreció una plática sobre las bases neurobiológicas de la depresión, trastorno mental frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa, falta de autoestima, trastorno del sueño o apetito, sensación de cansancio o falta de concentración.

Se estima que alrededor del 12 por ciento de la población mundial padece depresión. Por cuestiones hormonales y de regulación neuroquímica, tanto ésta como otros trastornos afectivos son más frecuentes en las mujeres que los varones.
La investigadora señaló que anteriormente la prevalencia era mayor en adultos; “en cambio, ahora ya nadie se salva”, pues existen jóvenes que presentan las mismas características diagnósticas y clínicas para otras formas de presión y en muchas ocasiones los llevan a cometer suicidio.

Este padecimiento, que afecta a 300 millones de personas en el mundo aproximadamente, está considerado como una de las enfermedades más discapacitantes en la actualidad, lo que la coloca dentro de los cinco primeros lugares de ausencia laboral, siendo sus causas multifactoriales.

Iliana Tamara Cibrián Llanderal, de las Cátedras Conacyt comisionada al Instituto de Neuroetología de la UV

Cibrián Llanderal dijo que se han encontrado tres vías de trasmisión muy importantes: la dopaminérgica, la triminélgica y la serotonética.
Asimismo, comentó que las personas con un episodio de depresión mayor, tienen el 50 por ciento de probabilidades de presentar un segundo episodio y un 70 por ciento de posibilidades de un tercero, lo que llevaría a suministrar un tratamiento como cualquier otra enfermedad crónica.

En primer término, es necesario recibir atención médica, así como desterrar el miedo al consumo farmacológico de antidepresivos o ansiolíticos, siempre bajo vigilancia médica, dado que se trata de una enfermedad crónica que tiende a regular un sistema, y complementar el tratamiento con apoyo psicoterapéutico.

Ansiedad, señal positiva de salud
Abraham Puga Olguín, quien cursa el Doctorado en Neuroetología, abordó el tema de la ansiedad y dijo que se puede considerar como una señal positiva de salud que ayuda en la vida cotidiana. Desde el punto de vista adaptativo nos prepara para enfrentar ciertos estímulos, pero cuando comienza a intervenir en la calidad de vida del individuo se corre el riesgo de que se convierta en mal adaptativa.

Indicó que esta emoción surge cuando una persona se siente amenazada o en peligro, real o imaginario, y el cuerpo se prepara para reaccionar ante una situación de emergencia, entonces se activa el sistema dopaminérgico, de la misma manera que cuando considera que puede perder un bien preciado.

Cuando las personas presentan signos de ansiedad y son prescritas con tratamiento médico, se debe tener bajo vigilancia el consumo de ansiolíticos, pues ingerirlos por tiempo prolongado puede generar dependencia farmacológica o psicológica.

Abraham Puga Olguín, estudiante de Doctorado en Neuroetología

Puga Olguín centró su charla en la ansiedad adaptativa y en cómo ésta se puede estudiar a nivel de investigación básica con modelos animales, a los que inducen al estrés o ansiedad para modificar ─a nivel cerebral─ determinadas estructuras, receptores y enzimas implicados en el trastorno de ansiedad generalizada.

Estrés, un sentimiento normal
Al abordar el tema “Estrés y respuesta inmune”, María de Jesús Rovirosa Hernández, investigadora del Instituto de Neuroetología, señaló que éste es un estado normal que causa una alteración tanto en humanos como en animales y plantas.

Explicó que en el individuo puede afectar el sistema inmunológico, lo cual deriva en problemas de salud.

Existen dos tipos principales de estrés: el agudo, que es a corto plazo y desparece rápidamente, y el crónico, que es más prolongado y propiciado por la falta de dinero, un matrimonio infeliz o por problemas en el trabajo.

María de Jesús Rovirosa Hernández habló sobre estrés y su respuesta inmune

Este padecimiento se registra entre diversos tipos de población, dependiendo del contexto del medio ambiente en el que se desenvuelve la persona, y es causado también por la tecnología, los horarios laborales, las distancias que haya entre el hogar y el trabajo o la escuela, por lo que su prevalencia es en el área urbana.

Rovirosa Hernández compartió que las investigaciones respecto al estrés las desarrollan en modelos animales –ratas–, y que actualmente estudian los efectos antiestrés de una planta llamada Cihuapatlí, que se reproduce en la parte central del país.

Explicó que esta planta ha sido utilizada desde la época prehispánica en la atención a mujeres que daban a luz, y se ha visto que es similar a la oxitocina, hormona que ha sido estudiada como un protector del estrés.

Detalló que el modelo animal es sometido a un proceso conocido como nado forzado –pues una rata no nada–, que lo lleva a un estado de desesperanza similar al del estrés humano; entonces se le suministra un té elaborado con Cihuapatlí que le provoca una motivación por realizar tal acción para salir de la pecera en que se encuentra.

Añadió que junto con esta investigación estudian también si la planta de referencia tiene algún efecto tóxico posterior, pues a la fecha no hay registro alguno de ello.