Vientos del cambio

Vientos del cambio

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CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma Villanueva
06 de octubre de 2016

A estas alturas del periodo de gobierno 2010-2016 ya es susceptible realizar la evaluación de la gestión político-administrativa encabezada por Javier Duarte de Ochoa, y ya no es a priori señalar que ha dejado un grueso registro de ofrecimientos incumplidos. Si gobernar es administrar entonces debemos concluir que estamos ante un gobierno fallido, una inferencia que nada tiene de hipotética si nos atenemos a la realidad que la respalda. Debe acentuarse que no estamos en la tesitura de un Estado fallido, porque el Sistema Político ha podido resistir el impacto de cambios que conducen hacia la transición que va de lo viejo a lo nuevo.

Gracias a esa evolución política vinculada estrechamente a la actitud del ciudadano frente al poder podemos pronunciar abiertamente juicios respecto de quienes gobiernan con antecedentes difícilmente localizables. Y no porque en tiempos de Díaz Ordaz o de Salinas de Gortari, por caso, no se hubieran podido expresar sino porque la normatividad ha ampliado el diagrama de los críticos.   El estremecimiento que sufre el Estado Mexicano se asemeja a un sismo cuyas réplicas incesantes han provocado que la población permanezca en vigilia, y da como resultado el rompimiento de las ataduras que la mantenían en silencio, de allí que de pronto exija juicio y eficaz castigo a quienes aprovechan el ejercicio del poder para abusar del recurso público; pareciera que tras un larguísimo periodo de hibernación pasiva la ciudadanía está despertando cual volcán activo.

El escenario nacional está pleno de signos del cambio: un gobernador llegado por la vía Independiente mantiene a su antecesor en tres y dos, de acuerdo al lenguaje beisbolero; otros llegan arropados en la voluntad ciudadana que votó por la transición en Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo y les exige activar los resortes de la ley para aplicarlos a repentinos prófugos de la pobreza. Lo observamos en Chihuahua, entidad que ha experimentado la alternancia durante varios gobiernos, en donde el gobernador entrante exhibe las “lindezas” de su antecesor.

Por mandato constitucional en Veracruz se permite un largo interregno entre la elección y la toma de posesión del nuevo mandatario; no así en Quintana Roo, Tamaulipas y Chihuahua en donde quienes triunfaron el 5 de junio ya tomaron posesión. Si el gobierno de Veracruz estuviera investido de las glorias de la eficiencia, la productividad y la honestidad no resentiríamos el plazo largo. Pero ocurre todo lo contrario porque ya no existe motivación ni control en el gobierno del estado: la inseguridad pública es incontrolable, las finanzas públicas yacen en bancarrota, las políticas públicas relegadas al archivo etc., conforman un contexto que exige reactivar Veracruz.

Ni en Quintana Roo ni en Chihuahua asistieron al relevo formal los gobernadores salientes, y es más que predecible que en Veracruz Duarte de Ochoa tampoco a la asunción del sucesor, nada alterará el proceso. Pero su sucesor conoce el terreno que pisa, sabe de gobernanza, ha transitado los pasillos de poder y su prurito de gobernar lo impulsarán a intentar el cambio de modelo de gobierno. Poco de discurso le han dejado “El Bronco”, de Nuevo León, Joaquín, de Quintana Roo y Corral de Chihuahua porque padecen el mismo síndrome: reciben entidades quebradas. Como dice Corral: “El Gobierno estatal está en banca rota, no tiene recursos para pagar a proveedores, incluso a trabajadores”, “Acabaré con el dispendio a los medios de comunicación. No habrá convenios de publicidad. En función de las necesidades se comprarán los espacios. Queremos la crítica fundamentada; rechazaremos el manejo informativo malintencionado y los intentos de extorsión”, “He ofrecido a todos los chihuahuenses llevar ante la justicia a Cesar Duarte y sus cómplices”, Si es un crimen robarse el dinero, es peor no hacer nada”. El discurso es lúcido y convincente importa que se haga realidad.

Si Javier Duarte de Ochoa aún no se ha percatado que hizo un gobierno desastroso y que permitió el despilfarro y la incuria de sus colaboradores la historia se lo reprochará. Si permitió con holgura el enriquecimiento de no pocos de sus colaboradores y nada hizo por evitarlo se convierte parte de lo que públicamente se acusa a su gobierno, de todo cuanto ocurrió durante su administración.

“¿Así sin levantar la ceja?” preguntó Ciro Gómez Leyva en su entrevista a Duarte sobre las propiedades de Arturo Bermúdez en el extranjero; pero de igual manera habría que preguntar ¿por qué no se detuvo a cuestionar a De Antes por el exagerado incremento de su patrimonio, cuando radio bemba lo describía con todo detalle? ¿Cómo no percatarse del súbito enriquecimiento de colaboradores como Benítez, Valencia, Del Castillo y muchos más sin ejercer acción aclaratoria alguna?

Su sucesor, el gobernador electo, Miguel Ángel Yunes Linares enfrentará un legado de pobreza, de quiebra financiera, de inseguridad pública incontrolable, que le será difícil resolver en solo dos años de gobierno (aunque vista su experiencia alguien dijo “será como de seis años”). Esperamos que Yunes Linares implemente un gobierno que ya es de alternancia para convertirlo en uno de auténtica transición, y  que logre apaciguar a la entidad, que regularice y ponga en orden la administración pública, para sentar las bases de un Veracruz en Paz para el desarrollo económico. Que impere el Estado de Derecho, que las leyes se apliquen contra los infractores y los corruptos, porque los veracruzanos ya no queremos queso sino salir de la ratonera en que nos han metido doce años de voluptuosa corrupción  e ineptitud.

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