• Profesores y estudiantes estuvieron presentes en la 4ª Escuela de Invierno de Robótica, realizada en el Casino Xalapeño

Paola Cortés Pérez

12/01/2018, Xalapa, Ver.- Desde 2016, el taller “El mundo de la química” se ha impartido a cerca de mil niños, mostrándoles que la ciencia puede ser divertida, señaló Gabriel Arturo Soto, profesor de la Facultad de Química Farmacéutica Biológica (QFB) de la Universidad Veracruzana (UV).

El académico recordó que el taller surgió de la motivación que tuvieron algunos profesores por difundir la ciencia entre niños y adolescentes. “Cuando lo decidimos de inmediato tomamos un curso sobre difusión de la ciencia, porque sabíamos que trabajar con niños es completamente diferente”, explicó.

A la fecha, dijo, han contabilizado la asistencia de aproximadamente mil niños en diversos espacios a los que han sido invitados, entre ellos: semanas de la ciencia, Los Cuates del Museo de Antropología de Xalapa (MAX), en el programa UV-Peraj, en cursos de verano en coordinación con el Consejo Veracruzano de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico (Coveicydet), además de jardines de niños y escuelas primarias.

El equipo de trabajo del taller, conformado por profesores y estudiantes de QFB, inició el presente año con su participación en la 4ª Escuela de Invierno de Robótica, realizada en el Casino Xalapeño.

Gabriel Soto dijo que mostraron a los asistentes una pequeña muestra del taller que han acercado a diferentes personas, para que los niños y los jóvenes elaboraran productos como plastilina, lámparas de lava, slime y otros más.

Estudiantes de licenciatura participaron en cada una de las sesiones que brindaron a lo largo de cinco días, una de ellos fue Amanda García López, de segundo semestre, quien expresó que participar en esta actividad ha sido extraordinario y reconfortante.

“Es asombroso participar en el taller porque llevamos sonrisas, diversión y conocimiento a niños; también se han acercado jóvenes y adultos que disfrutaron de cada actividad.

”Es lindo ver como los niños poco a poco se acercan a la química y se dan cuenta que no es una ciencia aburrida, sino se trata de una disciplina que puede llevarlos a otros mundos donde se divierten y juegan. Les sacamos sonrisas.”

Comentó que llevar el taller a comunidades de escasos recursos motivó a los niños a ser menos retraídos y más participativos. Esta actividad fue satisfactoria a nivel personal; mientras que en el ámbito académico aprenden cosas nuevas todos los días.

“Nos vuelve más humanos y nos enseña a tener más tacto con las personas, en especial con los niños quienes tienen una mente impresionante, todo lo que les transmitimos lo aprenden.”

Gabriel Soto dijo que en estos años se han dado cuenta que el taller tiene un impacto social: en la formación de los niños; en los académicos les permite desarrollarse en un ámbito diferente, y a los estudiantes de licenciatura les enseña a hablar en público y ver que la química puede difundirse en diferentes niveles.

“Con esto sí hay un impacto social, una transversalidad del conocimiento, hay una excelente dupla alumno-maestro que da como resultado un verdadero producto social, a nosotros nos ha dejado muchas satisfacciones.”

Cabe destacar que los profesores y estudiantes brindan el taller de acuerdo a la edad de los asistentes; por ejemplo, si son de jardín de niños y primarias, les enseñan a elaborar plastilina, lámparas mágicas, slime, lámparas de lava y otros experimentos. Si es para nivel de secundaria, entonces les muestran cómo se elabora gel antibacterial, jabones y otros productos.

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